DIARIO DE LA GRAN DUQUESA TATIANA NICOLAIEVNA ROMANOVA

Tanto el Diario de Tatiana como el Testamento político del Zar NIcolás II,  van incluídos en el libro autobiográfico y publicado  en francés “Operation Aliss” de Alexandre Eleazar. Dicho libro comienza con un poema  de la Gran Duquesa de Hesse-Cobourg y Emperatriz de todas las Rusias Alexandra Feodorovna, escrito a finales de marzo o primeros de abril de 1918 en la ciudad de Tobolsk:

RESURRECCIÓN

¡Mis hijas! ¡Oh! ¡Ellas que son fruto de mi amor!
El Prometido que os esposará se halla a la puerta de nuestra morada.
EL ha llegado. EL recorre las tierras que nos rodean.
¡EL es el Rey de la Gloria Eterna!

EL va llevando vuestra cruz. EL puede sostenernos a todos.
¡Preparémonos para recibirlo!
¡Lancemos lejos nuestras vestimentas mancilladas por el polvo corrosivo de aquí abajo y purifiquemos nuestras almas y nuestros cuerpos con pensamientos puros!

Que la vanidad se aleje de nosotros.
¡Todo es vanidad en este mundo!

Abrid las puertas de vuestras almas para recibir al Prometido.
¡EL os fecundará y salvará la Patria!

Los bolcheviques se baten en nuestros Palacios,
en nuestros parques, en nuestras ciudades, en nuestros campos, arrastrando sus botas punzantes en esta ciudad remota…

¡Pero no os inquieteis!
¡El Señor se halla en todas partes
y EL REALIZARÁ UN MILAGRO!

¡Este es nuestro común camino de Salvación!
en vuestro Prometido debeis confiar…
¡EL os llevará a tierras extranjeras
y permitiéndoos depositar allá el fruto de vuestra vida…
como semilla eterna de nuestra raza!

¡El camino será largo y penoso

¡Pero la que sabrá resistir se SALVARÁ!
¡El Prometido se reincorporará en el Niño
y el Niño será el hijo de nuestro Señor!
¡La Resurrección de la Muerte y la vida Eterna será la obra de este MILAGRO!

¡Gloria al Niño que vengará nuestra memoria!
¡Oremos para que nunca EL nos olvide!
¡Oremos para que EL ilumine el mundo de nuestra verdad
para que nuestros errores sean a través de EL
La VERDAD superando siempre a la de los hombres del porvenir.

¡Invocamos la ayuda de los Santos para que el Señor conserve vuestro fruto!
Los pecadores de este mundo tienen necesidad de escuchar su voz:
Nuestra plegaria…

¡Aguardad tranquilamente al Prometido de la Muerte:
EL es el Prometido de la RESURRECCION!

He aquí el relato que las monarquias y los gobiernos de Europa no han querido ver publicado, nombrando a la familia real inglesa, a la familia real danesa, a la familia real rumana, al Gran Duque Ernesto Luis de Hesse y a los gobiernos inglés y francés.
Mi madre, que fué la Gran Duquesa Tatiana Nicolaievna, no tuvo el derecho a contar el drama de su familia y el suyo propio.
Solamente sus verdugos pudieron publicar, o dejaron publicar ampliamente en todos los paises, sus estúpidas mentiras gracias a editores sin escrúpulos.
Lo que sigue, proviene sobre todo del diario que mi madre escribió en Ekaterinburgo, de las notas tomadas por la señora Escaliers en Tamaris (Toulon), que yo pude leer en marzo de 1936, en Alés, y el 1 de junio de 1970 en París. Además de las declaraciones de mi primera niñera, al realizar unas visitas muy rápidas a la casa de mi “tata”, cuando yo tenía 7 u 8 años una tarde de mayo o junio, en dia de colegio; y la última, con 13 años, otra tarde de verano….

EL DIARIO DE MI MADRE

Aquel día (martes, 16 de julio de 1918) apareció muy diferente a los anteriores, alguna cosa flotaba en el ambiente desde hacía una semana. Estabámos al corriente de la presencia de Checoslovacos muy cerca de Ekaterinburgo y Papá supo como unos amigos se encontraban apostados por los bosques de los alrededores.
El hombre de las provisiones, al traernos la comida por la mañana le dijo a Botkin que “deberíamos estar dispuestos para cualquier eventualidad; sea una evacuación, o una liberación y además muy pronto”.
Esta noticia fue bastante bien acogida por Papá, Mamá, el doctor Botkin, por Olga y por mí, reunidos en una especie de “Consejo de guerra”.
Por decisión unánime mis hermanas y yo estaríamos siempre vestidas con nuestros corpiños y cinturones cargados de joyas y de documentos, sin quitarnos la ropa ni para dormir, teniendo la posibilidad de salir rápidamente, sobre todo por la noche para, a la primera oportunidad, correr en cualquier dirección.
Por el contrario Papá, Mamá, Alexis y el doctor Botkin, viajarían juntos en el coche o el camión que les transportase hasta donde Dios quisiese.
Ese dia resultó bastante caluroso.
Después de una comida frugal, nos recogimos a nuestros cuartos para hechar la siesta, en el caso más probable de no poder dormir por la noche.
A las cinco de la tarde, tuvimos la impresión de que algo iba a pasar. Un silencio total parecía venir hasta de los suelos, llenando los pasillos.
Del exterior no se oía ni un ruido.
De pronto nos dimos cuenta que los guardias de alrededor de la casa habían desaparecido.
Hacia las siete, Yurovski y uno de sus ayudantes subieron a las habitaciones acompañados de Troup, para ordenar a Papá, que nos preparáramos, para salir de aquí de un momento a otro.
El ejército blanco se encontraba muy cerca de la ciudad, con los guardias fieles a nuestra causa ocultándose por los bosques no lejos de aquí, así que sí veían que la ciudad podía ser tomada por los checos, estábamos obligados a evacuar inmediatamente la casa en unos camiones que nos conducirían a un destino aún no decidido, por lo que era necesario estar preparados, pues el momento de venir a buscarnos podía ser a cualquier hora de la tarde, de la noche, o de la madrugada, sin tener tiempo ni para vestirnos o coger nuestros enseres. Lo mejor era pues acostarse vestidos, así que una vez nos dijeron esto se marcharon.
Después en Siria, reflexionando, comprendí la verdadera razón de los muy preparados consejos de Yurovski: él quería darnos tiempo para llevar encima nuestras joyas y esconderlas en el interior de nuestros vestidos, porque debía figurarse que Papá se quedaría escondido en la casa. De lo contrario las joyas corrían el riesgo de caer en manos de los checos o de nuestros amigos.
Y eso es lo que hicimos.
Mamá tuvo mucho cuidado en la distribución de las joyas a cada una de nosotras, aunque por otra parte todo eso estaba decidido y acordado hacía tiempo, en Tobolsk.
Inconscientemente yo fuí guiada por el Destino y designada como la capitana de éste pequeño ejército que eran mis tres hermanas y yo, debiendo tratar de huír por todos los medios.
Papá me dió un buen fajo de documentos, ordenando colocármelos en mí pecho, sobre todo al lado del corazón, por si acaso me disparaban cuando intentaba la huída.
Igualmente me fué necesario introducir algunos gruesos pergaminos entre mi camisa y la piel de mi espalda para que pudiesen atenuar el efecto de las balas.
Uno de los documentos se refería a la Herencia de Papá y a la sucesión en el Trono de Rusia junto a la prueba de mi identidad.
Curiosamente comprobé como Papá no se dirigía a mis hermanas de la misma manera que a mí, ni les confiaba ningún documento histórico, salvo que a cada una de ellas les dió un manuscrito de propia mano, firmado por él, idéntico al que recibí yo, confirmando su identidad y su voluntad referida a la herencia y a la sucesión al trono de los Romanov.
Papá me repitió una y otra vez que con estos documentos nadie osaría negar quien era y en consecuencia a mis derechos a las herencias de la Corona y a los bienes de la Zarina y el suyo.
Entonces me acordé de las palabras de Gregori: -“Será Tatiana la que dará a la Rusia del mañana su nuevo Zar”.
Mamá se ocupó de plegar éstos papeles por delante y por detrás de mi pecho. Papá me dió también su reloj de tapa y la cadena de plata, lo cogí con alfileres en mi hombro, cogiéndolo sobre mi corsé, anudándolo en un bolsillo interior cosido por Mamá, lo que hacía que el reloj se encontrara justo sobre el emplazamiento de mi corazón.
Mamá me dió su cruz de oro, regalo de Gregori Efimovitch colgándola de mi cuello con su cadena.
Mis hermanas se dieron cuenta que en éstos preparativos, yo parecía como la preferida por recibir tantas atenciones, llevar más objetos y darme más consejos y recomendaciones, aunque ellas parecían contentas de saber que quizás era la elegida por Dios.
En efecto, Papá y Mamá parecían hablarme casi como sí supieran que yo sería la única en salvarme. Una de las razones de ésta actitud se debía sin duda a mi carácter, pues yo era siempre la que más hablaba de política y de la situación militar, con Papá, Mamá y el señor Botkin.
Tomamos nuestra escasa cena sobre las ocho, para enseguida retirarnos a nuestras habitaciones con el fin de tendernos sobre las camas y hablar en voz baja, disponiendo de los elementos más necesarios al alcance de la mano.
Dejamos abiertas varias ventanas a la espera de poder escuchar a lo mejor unos tiros, siendo en ese momento cuando un perro se puso a ladrar más y más fuerte, atrayendo toda nuestra atención.
Por fin, a las diez de la noche creemos distinguir como fuertes voces de hombres. Después de un rato, una detonación sorda llegó a nuestros oídos, pareciendo que venía de bastante lejos. Papá nos dijo que podía tratarse de un cañón ligero.
Derechef, el perro recomenzó sus largos lamentos, pareciéndonos muy lúgubres, haciendo levantar las orejas de Jimmy. A veces, el perro guardaba un momento de silencio, pero volvía enseguida a la carga con sus lamentaciones penetrantes y penosas, siendo lo único que rompía el silencio que nos envolvía.
No escuchábamos ni siquiera a los guardias hablar en el patio, ni a ningún coche o camión dar la vuelta por fuera de la casa.
En comparación con otras noches anteriores, aquella nos pareció más calurosa.
En éstas condiciones nos sería imposible dormir un poco.
Cuando pensábamos que nada nuevo se produciría y que nuestra salida -si se producía- se efectuaría al amanecer, de repente mis hermanas y yo, oímos unos ruidos, voces y pasos, dándonos cuenta de donde venían. En el pasillo, el comisario hablaba con Troup y después con Papá.
Demidova no tardó en venir a nuestro cuarto con la noticia:; Saldríamos enseguida, había que levantarse, pues en un cuarto de hora vendrían a buscarnos, para inmediatamente en un camión irnos hacia otro lugar.
Según decían, los bolcheviques acababan de recibir la orden de evacuar la ciudad antes del amanecer.
Con alegria general, nos apresuramos a abandonar éste lugar que tan desagradable nos pareció desde el primer día. Aunque nuestra inquietud era lo mismo de grande, porque sí Mamá le confió al mediodía a Papá, que presentía que no seria posible pasar una noche más en ésta casa y que a partir de mañana, nuestro destino cambiaría definitivamente, no podiamos descartar en nuestro ánimo que en caso de una muerte trágica para Papá, ésta se esperaba fuera de la ciudad.
Igualmente, tratando de huír alguna de nosotras, o dos, o tres, o incluso las cuatro, heridas o lesionadas por las balas de los guardias, dejaríamos nuestros cuerpos para siempre inertes y sin vida sobre la tierra de nuestra Santa Rusia, y esto en pocos momentos.
Pero nuestros rezos a Dios imploran que una al menos pudiera encontrar la libertad, para unirse a las tropas de Kolchak y continuar así la Historia de Rusia, según la voluntad de Papá.
Nuestra confianza en Dios Todopoderoso parecía ilimitada y Mamá no paraba de decir que El se encontraría a la salida, realizando el Milagro que habíamos deseado para salvar el honor de Rusia y de los Romanov.
A pesar de la emoción sentida en esas horas cruciales de nuestro destino y cuya importancia no se escapaba a nadie, nos sentíamos valientes y decididos al sacrificio, anhelando ardientemente que una solución definitiva y clara se abriese en nuestro porvenir, pues no podíamos ya más.
Faltando un minuto para las doce menos cuarto, el comisario y su ayudante, junto con tres o cuatro guardias que me pareció no haberlos visto anteriormennte, vinieron a buscarnos. Siendo necesario bajar a una habitación sin muebles, situada en la parte de las dependencias, dando al exterior por donde vendría el camión.
Papá, Alexis, Troup, Botkin, Mamá, la Demidova, el cocinero, mis hermanas y yo, formamos la comitiva en este orden, cuando entramos en esa habitación en donde una lámpara con luz muy escasa y amarillenta, daba un poco de luminosidad, pero solo por el centro.
El comisario ordenó a los guardias coger unas cajas en donde hizo sentarse a Papá, a Alexis y a Mamá en una posición adelantada, pidiéndonos a nosotros colocarnos detras, de pié, mientras esperábamos el camión.
El hecho de quedar apretados unos con otros, casi pegados a la pared, como si nos quisieran hacer una fotografia me pareció raro, pensando que era para tenernos mejor bajo el fuego de sus fusiles con el fin de evitar, o una huida o una revuelta.
Los guardias parecían tener aún más miedo que nosotros, diciéndome a mi misma: “…¡ Banda de imbéciles… aún no es el momento de echar a correr !.
Me encontraba detrás de Papá, de Alexis y de Troup, llevando a mi perro “Jimmy” en el brazo, sobre el pecho.
El comisario mascullaba sus órdenes de permanecer tranquilos, aconsejándonos no hablar en voz alta, que pronto saldríamos al patio, pues nuestra evacuación debía hacerse en el más alto secreto. Que incluso los guardias de todos los días habían sido retirados, decía él, disponiéndose de un destacamento especial para proceder a la evacuación.
Sus palabras parecían tranquilizarnos…

Miércoles 17 de Julio. 1918 0 horas y 7 minutos.

Algunos minutos después oímos el ruido del motor de un camión. Entonces dijo el comisario: -Aquí está .
Y volviéndose a Papá le indicó: Quédense sentados sin moverse, voy a ver si está todo en orden.
Marchándose con su ayudante, saliendo poco después dos guardias mas, pero cuando parecían también querer irse los demás, vimos bruscamente como se abría la puerta, entrando hombres armados, bastantes, creo que uno por cada uno de nosotros, apuntándonos con sus fusiles y poniéndose a diparar todos al mismo tiempo,sin parar, algo que se produjo de una manera tan inesperada y tan rápida que antes de darnos cuenta de la situación verdaderamente la mayor parte de nosotros yacíamos mortalmente tendidos.
De todas maneras lo que más me impresionó fué ese grito desgarrador, tan fuerte de Mamá, después, ver a Alexis llevándose las dos manos a cada lado de su cabeza de donde le brotaba abundante sangre, cayendo hacía atrás y haciendo mover una caja que cayó sobre mi falda.
Mi cerebro registraba un espectáculo borroso, como si se tratase de un sueño extraño, sin estar segura de saber bien que es lo que pasaba a mí alrededor. Con esa luz deficiente, los brazos, tiros, gritos espantosos de mis hermanos y sin duda de la Demidova; los cuerpos que se desplomaban, los juramentos de los servidores y del cocinero, los gritos de los asesinos señalándonos… todo esto se me atropellaba y me estallaba en la cabeza, pudiendo llegar a jurar después de que nada era de verdad, que no me estaba pasando a mí, viviendo solamente una mala pesadilla de la que saldría de un momento a otro, pudiéndoselo contar muy pronto a Mamá y a mis hermanas…
Me acuerdo que me eché de rodillas para recoger al pequeño Alexis entre mis brazos -un gesto que no lo pude evitar- al mismo tiempo que Troup se colocaba delante de mí, interponiéndose frente al cuerpo de Papá, el cual también se derrumbó hacia atrás, pero dando un salto sobre uno de los guardias.
Mientras que Troup forcejeaba con dos de nuestros asesinos, recibí el golpe de un hombre que me cayó encima en el momento de coger entre mis manos la cabeza ensangrentada de Alexis, debiendo de ser éste Botkin, quien me aplastó con su peso, haciendo quedarme presa.
Fué entonces cuando sentí una bala silbar cerca de mi cuello y una cosa muy caliente en mi espalda, pareciéndome que enseguida otra bala golpeaba con violéncia en mí pecho, hechándome de golpe para atrás.
No sé bien en que momento solté a mí perro, posiblemente fué al comienzo, pues después de todas mis reconstrucciones, pienso que debió recibir las primeras balas destinadas a mí corazón, haciendo que “Jimmy” me regara con su sangre antes dejarlo caer.
Llevaba mis manos a mi blusa, a mi cuello, a mi cuerpo, como queriendo protegerme, y es en ese momento, sofocada por el pánico y el miedo, por la avalancha de cuerpos, por los gritos que llegaban todavía desde el suelo, el olor de la pólvora y ésta locura suave que emborronaba mi cerebro, que adormecía los miembros, cuando perdí la noción de los sonidos y las imágenes, anulando todo mi conocimiento sobre la desgracia que acababa de ocurrirle a mi familia, a nuestros amigos y a mi misma…
Pero, una cosa muy extraña que jamás he osado contarla, pero que por más que la pienso, parece que sí sucedió, fué que al cabo de un momento, en el mismo instante de parar los disparos, o al menos de dejar de oírlos, me pareció como si volviese un poco en mí, escuchando estas palabras:
-Estan todos muertos… ni uno solo respira…
Entonces, juraría que uno de los guardias me cogió de un brazo, con la culata del fusil me volvió la cabeza, diciendo:
-Esta también lleva lo suyo.
A lo que una voz le respondió:
-Incluso si una de las hijas todavía sobreviviese, no creo que ella pudiera salvarse en tal estado, además adonde los llevamos no van a quedar muchos Romanov!.

Según lo que sigue y la lógica, las vestiduras no fueron registrados para coger las joyas y los documentos que llevaban. La débil luz, los cuerpos cubiertos de sangre, los guardias… fueron algunas de las razones por las cuales los asesinos del Comité Regional, decidieron hacer esta faena a plena luz del día, en un lugar elegido y solamente con hombres de su confianza más absoluta. De todas maneras, los rojos no se dieron cuenta de la situación real de mi futura madre, porque ella debía encontrarse en esos momentos en estado de sincope, exactamente como me pasó a mi algunas veces. (Una parada total de los latidos del corazón durante media, una, dos horas, o más).

Cuando volví en sí, mi primera impresión fué una especie de frescor recorriéndome el cuello y la cara.
Enseguida, pero sin moverme, ni comprender todavia nada, escuché un fuerte ronroneo en el mismo momento de sentirme agitada por sacudidas sucesivas. Después me pareció que más abajo, algunas cosas blandas estaban amontonadas.
Traté de liberar uno de mis brazos atrapado entre los cuerpos, pero un insoportable hormigueo lo hacía inútil.
Hasta que al cabo de algunos minutos empecé a darme cuenta de la horrible tragedia, teniendo que gritar de dolor.
Me daba cuenta que estaba en un camión en marcha, cubierta de sangre por la cara, los brazos, mis ropas, pues pasándome la mano, la misma viscosidad aparecía por todo. Además, un extraño olor planeaba entre mis mejillas, mientras que mis labios y mi boca estaban completamente secas, conservando un gusto áspero.
Experimentaba la sensación de encontrarme aplastada debajo de los míos, con una confusión de miembros y cabezas tal, que no encontraba manera de poder reconocerlos, uno a uno entre toda aquella masa sanguinolenta.
En ese momento comprendí aún mejor mí situación tan extrema, acordándome de los consejos de Papá y Mamá:
-Si te echan debajo y te creen muerta, pero te das cuenta de tu estado, de que estás viva, en el momento de que no te presten atención, o cuando te conduzcan en un camión hacía un cementerio o una fosa, salta a tierra y huye a través del bosque a toda prisa, sin volver la cabeza atrás, sin pararte, hasta que caigas desvanecida sí hace falta, pues Dios te dará la fuerza necesaria para llevarte a un lugar seguro.
Me levanté de repente, apoyándome sobre esos cuerpos tan amados. Por última vez traté de palpar a éstos que fueron mis seres queridos, por si había otro en mi misma situación, e incluso les grité suavemente, aprovechando que el ruido del camión atenuaba mi voz, pero debí renunciar, pues desgraciadamente ninguno de ellos daba signos de vida. Este amasijo de carnes ensangrentadas entre los que me encontraba todavía, representaba toda mi familia y mis verdaderos amigos.
Mis pensamientos y mis juicios acababan bruscamente de afirmarse en lo referido al pueblo ignorante, estúpido y sediento de sangre de los verdaderos creyentes en Dios.
Incluso ésta tragedia parecia provenir de otra dimensión, situándome en el límite mismo de la realidad y la irrealidad.

Llegando a la rápida conclusión de haber sido la única Elegida por Dios Todopoderoso para salvarme de ésta horrible masacre, con el fin de permitirme realizar la Obra Santa prevista por EL.
Mi deber sería por consiguiente huír inmediatamente de éste camión.
Dios me perdonaría si no me quedaba más aquí con los restos mortales de mis padres, hermano, hermanas y amigos.
Las últimas palabras de Mamá me zumbaban en los oidos:
-La que se dé cuenta de ser la Elegida por Dios, tendrá la suerte de escapar. No deberá volver la cabeza atrás para tratar de socorrer a sus hermanos heridos o agonizantes, PUES LA QUE CAIGA SOBRE EL SUELO DE LA SANTA RUSIA, MORIRA MARTIR, PERO LA QUE SEPA CORRER MAS DEPRISA, ESCONDERSE Y SALVARSE DE UNA MANERA U OTRA, PODRA UN DIA CONTAR AL MUNDO NUESTRA TRAGEDIA Y VENGARNOS.
Entonces me precipité a la parte de atrás del camión de donde colgaba un toldo de tela, que levanté, contemplando el cielo estrellado y el camino que seguíamos.
Ningún faro de coche aparecía por ésta parte. Así que me pareció que la cosa sería bastante fácil, y que incluso si hiciese un poco de ruido al saltar, el motor lo encubriría. Pensé durante algunos segundos que en caso de hacerme mal al caer, nadie en el mundo impediría separarme de este maldito camión. Estando segura de oír entonces las voces de los míos que me gritaban:
-¡Deprisa!. ¡No te quedes más aqui, salta y corre rápidamente al bosque!… Por nosotros no te preocupes, pues iremos al cielo enseguida. Nuestros sufrimientos han acabado, y es a tí a quien le toca luchar ahora!.
Así que no esperé más; recogiéndome la falda, franqueé la barandilla agarrándome a una cuerda enrollada a un gancho. Me dejaría deslizar y poner los pies sobre los travesaños y enseguida saltaría al camino de una vez.
No obstante sucedió que hice contacto demasiado violentamente con el suelo sin soltar la cuerda, siendo arrastrada unos metros.
Apenas sentí dolor, a pesar del roce violento de mis rodillas con la tierrra.
Levantándome pronto, me puse a observar el horizonte, dándome cuenta del sentido de la marcha del camión y de que a mi derecha unos árboles parecían formar un bosque, por tanto, me dirigí en ésta dirección, corriendo con todas las fuerzas de mis piernas para tratar de alejarme lo más posible del camino, el cual parecía continuar bastante lejos entre la noche.
A golpes de tijeras, la vispera, Mamá abrió mi falda y mi camisa así que no me quedaba más que tirar de los botones y los broches.
Entre las instrucciones de Papá, había recibido un croquis, o plano de éstos lugares, hecho por él mismo, que pensaba consultar con las primeras luces del día. Por otra parte, todas mis hermanas poseían uno parecido, sin indicar ninguna la dirección a tomar, en caso de que uno de éstos planos cayera en poder del enemigo.
De todas maneras me acordaba bien de la indicación de un bosque por éstos parajes, pero antes de entrar del todo entre los árboles, me fué imposible evitar lanzar una última mirada hacia el camino, comprobando cómo se trataban de dos camiones, o quizás, y seguramente, un coche y un camión, llegando a tal conclusión debido a los faros. El camión seguía al coche muy cerca, con el error de los bolcheviques de dejar rodar al camión detrás del coche, donde los jefes asesinos debían estar, razón por la cual no pudieron darse cuenta de la huída de una de sus víctimas.
Con la emoción resecando mi garganta, contemplé esa parte de la noche siguiendo los últimos faros, mandando señales de la cruz hacía éstos seres queridos que llevaba el camión, sin olvidar ni una sola persona de éste fúnebre convoy.
No podía llorar, y sin duda, ninguna lágrima correría ya más por mis mejillas, porque los lloros no están hechos para acontecimientos tan trágicos como los sucedidos a mí familia, a mis amigos y a mí, en ésa noche tan desgraciada para la Santa Rusia.
¡El dolor tiene un límite establecido, según la capacidad de endurecimiento del ser humano!. Pero mas allá, sirve como un estimulante capaz de dirigir a los hombres y a las mujeres hacía Dios.
Lancé muchos besos en dirección a los míos, desapareciendo finalmente en la oscuridad.
Levantando mis ojos hacía el Cielo, caí de rodillas con las manos juntas, pronunciando éstas palabras:
-¡Dios mio! Gracias por haberme salvado. Devolveré un Zarevich a Rusia. Vengaré a Alexis y a Papá… Te lo prometo… ¡Oh, Dios mío!.

LOS QUE ME AYUDEN EN ESTA TAREA, LOS QUE AYUDEN AL ZAREVICH, ELEGIDO POR DIOS, SERAN PERDONADOS SOBREVIVIENDO AL ULTIMO JUICIO. LOS OTROS, LOS ENEMIGOS DE TODAS PARTES, LOS QUE VUELVAN LAS ESPALDAS AL HIJO HEREDERO DE LA SANTA RUSIA, QUE NO LO ESCUCHEN Y NO CREAN EN EL, QUE SEAN BARRIDOS DE ESTE MUNDO, ELLOS, SUS FAMILIAS Y SUS RAZAS, HASTA EL FIN DE LOS TIEMPOS.

Esto es lo que pedí a Dios Omnipotente en ese momento preciso del Milagro realizado en mí persona. Por lo que sin duda alguna, San Gregorio suplicará sin parar al Señor de los Cielos, que lo conceda.
Levantándome de golpe para no perder más tiempo y a pesar del hormigueo que ahora me envolvía el cuerpo, hice esfuerzos sobrehumanos para continuar mi carrera, internándome profundamente en el bosque. No sintiendo ningún dolor, ni debilidad, pareciéndome incluso que no había sucedido nada. Saltando las matas sin caerme ni una sola vez.
No sé cuanto tiempo fuí así, sin parar, sin descansar, tropezando algunas veces, pero continuando la misma marcha, como si me encontrase borracha, o me hubiera vuelto loca, mientras una dulce música parecía acompañarme.
Cada vez que la noche se hacía mas densa, algunas oscuridades se iluminaban, para permitirme correr más deprisa, sin tropezar. Incluso los troncos de unos árboles me mostraban unos circulos de color blanquecino, sin duda para impedir irme cotra ellos.
Estas claridades me asombraban, pero era preferible no frenar mí velocidad, ni intentar comprender a qué se debia esto. Encima, cuando me alejaba de la buena dirección, todo se volvía oscuro, y las visiones blancuzcas de los troncos desaparecían, así que cuando de forma más cuidadosa, volvía a coger mi carrera hacía la Ultima Voluntad de Dios, las negruras se aclaraban de nuevo.
No obstante al frescor del aire, una gran fatiga me venció definitivamente. No tardando en caer extenuada al suelo, arrastrándome y recogiéndome en una cavidad de ese viejo bosque para esconderme.
No me moví ya más, mientras una pesada torpeza inmovilizaba todos mis sentidos.
Dios me había arrebatado de los bolcheviques.
Dios sabía lo que hacía.
Y yo volvía hacía EL.
EL SERVIDOR DE DIOS ERA MUSULMAN

Debí quedar así durante un tiempo, una hora o más. Debiendo despertar pronto por la persistente frescura de la mañana y por los ruidos de los cascos de un caballo que parecía caracolear de un lado a otro, alejándose y acercándose.
Me levanté dándome cuenta que era de día y que delante del bosque se extendía una hermosa zona de terreno ya sin árboles.
De pronto, esos ruídos se aproximaron rápidamente.
Con un miedo instintivo, intenté internarme en el sotobosque, pero sin duda el caballista me vió, pues el caballo corrió en mi dirección, rodeándome y parándose cerca de mí.
Estaba horrorizada; apenas me tenía en pié, pensando en la posibilidad de caer en manos de los bolcheviques, lo que después de haber escapado a tal masacre, me parecía un destino de lo más trágico e irónico.
Escuché una voz, pero al no poder avanzar más, volví la cabeza. Un oficial a caballo, como los de la Guardia de Papá, me miraba fijamente. Me pregunta:
-¿Quién eres tú?
Pero al no responderle y ponerme a temblar por todo el cuerpo debido al miedo y a la fiebre, el oficial salta de su montura y me dice:
-Estás llena de sangre… ¿Cómo has llegado hasta aquí? ¿Te han hecho ésto los rojos?.
Yo le hice un “si” con la cabeza, pues ni una sola palabra podía salir de mi boca por más que me esforzaba, sintiendo además cómo mis piernas iban a fallarme de un momento a otro. Finalmente, a pesar de la emoción que ahogaba mi garganta, puedo articular con dificultad ésta pregunta de forma insistente, siendo muy importante para mi obtener enseguida una respuesta:
-¿Eres un rojo? ¿Eres rojo?.
-¡No!… ¡Que Alá me libre de su roce!… Prefiero morir antes que mancharme con su presencia. Soy oficial de la Guardia Imperial, de la Guardia Musulmana del Zar Nicolas II… que para mi será siempre mi Zar. Alá me envía para ayudar a él y a su familia. ¿Vienes de Ekaterinburgo?
El oficial se acerca y comprobando mi lamentable estado intenta sostenerme por el brazo, insistiendo:
-¿Quién eres? ¿Estabas con la familia del Zar?. Si sabes alguna cosa del Zar responde… pero ¡rápido!.
Intento mirar su cara, pero no puedo distinguirla entre mis mechones de cabellos unidos por la sangre coagulada y por el velo húmedo de mis párpados…
M e mordía yo misma fuertemente mis labios, siendo lo último que recuerdo antes de perder de nuevo el conocimiento, pues a pesar de todos mis esfuerzos desfallecí completamente, dando una vuelta sobre mi misma, cayendo al suelo.
Cuando empecé a volver un poco en mí, descubrí al principio la cara del oficial que no me quitaba sus ojos de encima, mientras una sensación refrescante llenaba mi frente, pues intentaba hacerme beber un poco de leche fresca, lo que me reanimó un poco.
Lentamente volví en mí, comenzando a explicarle que el resto de la familia Imperial habían sido exterminados en Ekaterinburgo, pero que yo, la segunda hija del Zar, Tatiana Nicolaievna, resultaba ser la única superviviente.
Entonces el oficial se levantó observándome fijamente sin decir nada, gritándome después de unos instantes.
-¡Es imposible! ¡Imposible!. ¡Vamos a entrar en Ekaterinburgo con toda seguridad mañana mismo!.
De improviso, las recomendaciones de Papá, me vinieron a la mente: no debía mostrar ningún papel o las joyas a nadie sin tener una total confianza. No obstante, busqué en el bolsillo interior de mi camisa ese extenso documento que probaba precisamente que yo era la Gran Duquesa Tatiana Nicolaevna con la firma de Papá, seguido de su título de Zar. Se lo muestro y como él deseaba leerlo todo, le hago fijarse en ese párrafo que aseguraba la identidad de la portadora.
Además, tuve la idea de enseñarle el espléndido reloj de plata de Papá, donde los dos vimos que había recibido un impacto una bala de lleno en su caja. Pudiendo comprobar al abrirlo, la hora exacta en que se pararon sus agujas, lo que es decir, la hora fatal de la ejecución, las 12 y 7 minutos.

(Este reloj, más tarde, será entregado y manipulado por unos cuantos relojeros de España y de Francia, no siendo capaces ninguno de volverlo a poner en marcha, ni lograr que sus agujas diesen la vuelta al cuadrante.
Paradas como estaban a las 12 y 7, nadis pudo hacerlas avanzar un sólo minuto).

Fué cuando a ese oficial, poniéndose firme delante de mí, le escuché pronunciar éstas palabras:
-Alteza Imperial Tatiana Nicolaievna, estoy a sus órdenes, como estuve a las de su Augusto Padre, Su alteza Imperial Nicolas II, que Alá tenga su alma en la Gloria Eterna. Podéis confiar en mí… mí vida os pertenece desde éste instante. Si no puedo morir por mi Zar, intentaré morir por su hija. Alá me envía para ayudaros. Ya hace dias que escuchaba unas voces que me parecían muy extrañas, con unos sueños que obsesionaban las noches pasadas cerca de aquí. Sueños que me decían que encontraria a una de sus hijas, para conducirla hacía el Sur, a un país musulmán, para hacerse Reina de uno de esos Reinos. Lo que quiero decir es que la voluntad de Alá se lleve a cabo. Días y noches, con mis compañeros, he acampado por los bosques de alrededor con la esperanza de salvar a vuestra familia. Nosotros los musulmanes somos fieles a los juramentos de fidelidad. Pertenecemos a la caballería musulmana, somos los Tekintzi y Su Alteza puede contar con nosotros, aunque será necesario salir enseguida, sin más pérdida de tiempo.
Monté entonces en su caballo con muchas dificultades, pues todos los huesos me hacían daño.
Dos hombres pueden emplear la misma montura, así que emprendimos una rápida carrera.
El Tekintzi decía que ya podían buscarme ahora, pues en tal caso los estrujaria.
Que en cualquier caso, en una hora o dos estaríamos muy lejos. Que los rojos no tendrían el coraje de entrar en esos bosques que se extendían delante de nosotros, pues ya conocían la preséncia por éstos lugares de musulmanes, sabiendo muy bien que en caso de meterse por aquí se arriesgaban a que les cortasen el cuello.
Por el camino, el oficial me confiesa su asombro por haber recorrido tanta distáncia desde Ekaterinburgo, ya que aunque el camión debió alejarse bastante, tal ciudad se encuentra al menos a una media jornada de marcha desde el lugar donde me encontró.
Galopamos durante unas tres horas.
A veces, me echaba sobre el caballo.
Hasta que me dí cuenta que llegamos a una especie de campamento compuesto por unos veinte hombres, todos musulmanes, que por allí vivaqueaban.
El oficial me pide permiso para ayudarme a descender del caballo, invitándome enseguida a refugiarme en una de las tiendas, a la que cambían las mantas.
Enseguida me sirven un té, no tardando en traerme una palangana llena de agua caliente, a fin de lavar la sangre de mi rostro, de mis cabellos, brazos y piernas… de una sangre tan querida por mí, que hubiera querido conservar.
Ya no podía más con mis fuerzas -tenía que aceptarlo- así que les pedí que me dejaran lo más pronto posible sola, para acostarme y reflexionar sobre los trágicos sucesos vividos en la víspera, imposibles de suponerlos unos años antes.
Insistí todavía, preguntando si el lugar donde estábamos era seguro del todo para no caer en manos de los rojos, ya que antes que tal desgracia sucediese sería capaz de seguir mi camino a gatas.
El valiente Tekintzi me aseguró que, sobre eso podía dormir del todo tranquila, ya que, aún suponiendo que alguna partida de rojos aparecieran, ellos darían sus vidas antes que uno solo se acercase al campamento.
Además, los bolcheviques se encontraban muy lejos, huyendo al oeste como verdaderos conejos, sin buscar precisamente por aquí. De todas maneras, montarían guardia por los alrededores a distancias prudenciales.
Después supe que él mismo mandó a varios hombres a patrullar lejos del campamento, por la misma dirección de donde vinimos, para comprobar si los rojos intentaban aventurarse detrás de mi pista. Volviendo a la caída de la tarde sin ver nada sospechoso.
Ya acostada, me vino de pronto una fiebre muy alta que se me fué poco a poco apoderando. En la oscuridad no sabía lo que hacía, sin parar de gritar de terror, levantándome del lecho… poniéndome a llamar a mi familia
El oficial y los demás hombres del campamento que estaban cerca de la tienda, al parecer no pudieron dormir esa noche. Dudando algunas veces de ofrecerme socorro. Me recostaron, cubriendo mi frente, las muñecas y los tobillos con unos paños empapados con agua fría.
Pasando unas pesadillas terribles, con la temperatura sin bajar un solo grado.
Finalmente me hicieron oler unas plantas medicinales, obligándome a tomar unos brebajes conocidos por los musulmanes rusos, muy efectivos para estos casos.
Al dia siguiente, con el sol ya alto, pero aun extenuada por semejantes visiones terroríficas, mi fiebre bajó un poco, lo que me permitió dejarme caer por fin sobre mi lecho sin agitaciones, cogiendo el sueño, pero aun con sobresaltos.
Los Tekintzi -que gracias a mi delirio no dudaron más de mi identidad- decidieron que no podía quedarme en este lugar por mas tiempo, además solamente al cuidado de hombres. Así que a pesar de mi estado, decidieron, o conducirme a una isba de campesinos, o bien salir inmediatamente a buscar ayuda.
Después de pensárselo entre ellos, convinieron en irnos a la mayor rapidez hacia el rio Tobol, ya que por allí conocían a unas gentes muy amables que nos ayudarían. Mientras otros de la guardia, marcharían inmediatamente a caballo en dirección a Omsk, con objeto de advertir de todo esto a las autoridades rusas, si era posible al mismo general Kolchak. (Un almirante que ahora cumplía funciones de general).
Estos fieles musulmanes me prepararon la montura más resistente, de manera que me sirviera incluso como cama.
Partiendo enseguida.
Antes, me esforcé en comer algunos pasteles ofrecidos por los Tekintzi, bebiendo varias tazas de té bien caliente.
Acostada sobre pieles y mantas, ya sin mis botas manchadas de sangre, con las sacudidas del caballo, los recuerdos de mi pasado en Tsarkoie-selo comenzaron a desdibujarse, por lo que efectué el viaje completamente aturdida, sin darme cuenta casi de nada de la situación. Durante toda la mañana volvieron esas malas fiebres, teniendo los valientes musulmanes que parar alguna vez por obligación, pues nuestra marcha era demasiado rápida.
Después de comprobar mi resisténcia, -que parecía igual, tanto si cabalgábamos a buen ritmo, como si parábamos- emprendimos una carrera tan enloquecida como al principio.

Al atardecer, mientras los hombres instalaban un nuevo campamento, me sentí muy mal otra vez, pasando la noche con unos violentos dolores de cabeza que parecían taladrarla. Mientras que por las horribles pesadillas, estuve gritando con todas mis fuerzas, presa del pánico.
Los musulmanes pusieron todo su interés en tranquilizarme. Y cuando me calmé, algunos se pusieron a llorar al ver mi lamentable estado, poniéndose todos juntos de rodillas, desgranando con fervor sus oraciones.
Siendo víctima de varias alucinaciones, yéndome hasta la puerta de la tienda, haciendo como si señalase con el dedo a los asesinos de mi familia, vociferando a gritos mi protesta por su política de tan sucios y bajos instintos, su falta de sangre noble, sus vicios, su conducta anti-Dios y su odio hacia toda la humanidad.
Llevaba una herida en la parte izquierda de la espalda que me hacía sufrir mucho, así que el oficial no tuvo más remedio que vendármela, a pesar de unas primeras vacilaciones por el respeto hacía mi persona.
Al dia siguiente, al poco de bajarme la fiebre, los hombres me subieron de nuevo al caballo, continuando nuestro camino al galope.
Iba en un estado semi insconciente, atada con correas – comos si fuera un “salchichón” – con los musulmanes deseando poner término a esta situación, tan intolerable para nuestra Santa Tierra rusa.
Pareciéndome la de este día una etapa más larga y penosa, al no poder realizar ni una sola parada para repostar y tomar un té caliente.
Con la noche cerrada, el oficial decidió acampar, preparando por primera vez un fuego de campamento con malezas y ramas secas de los arbustos.
Les hice compañía durante el rato que estuvieron calentando el té. Debiéndonos conformarnos con una crepe y un poco de miel, como la cena de esa noche.
Al dormir, la fiebre volvió a visitarme aunque esta vez con menos violencia. Pero en cambio, mi herida me hizo más mal que los días anteriores, teniendo grandes dificultades para cerrar los ojos por algunos instantes, así que con la aparición de los primeros rayos de sol, no tardé en dormirme sobre el caballo.
Acabó muy tarde esa etapa, pues era de noche desde hacía horas.
Entonces el oficial me señaló con el dedo algo que parecía brillar en movimiento: el rio Tobol.
A pesar de mi enorme fatiga, -ya que después de la parada del mediodía, tuve que cabalgar sentada sobre la silla- experimenté por primera vez desde Ekaterinburgo un gran alivio a todas mis desgracias. Pudiendo constatar cómo al final había sido hermoso y habia estado muy bien salvarme de las manos de los asesinos rojos, para poder cumplir los deseos de Papá y de Mamá… Con tales reflexiones cabalgé a lo largo del río, con el fin de llegar al sitio prometido por el oficial quien al parecer conocía éstos lugares.
No obstante, tuvieron que parar algunas veces, dudando, pues no sabían si habíamos llegado al río, demasiado abajo o demasiado arriba, al ser la oscuridad muy densa por estos parajes. Hasta que al fin se pudieron dar cuenta, pero no siendo ésto hasta el nacimiento del nuevo dia, cuando una isba se ofreció a nuestros ojos.
Allí solo nos recibieron una pareja de ancianos ya que sus hijos habian huído hacía meses. Dormimos sobre unos colchones rellenos de hojas secas y abrigados por unas gruesas mantas de lana confeccionadas por esas gentes.
Por ésta vez no me desperté a causa de la fiebre.

Domingo 21 de julio 1918 (Nuevo calendario)

Me levanté hacia las doce, comprobando la maravillosa vista que se divisaba desde éste sitio, con un soberbio sol reinando como dueño absoluto del bosque, sobre el agua del río y los campos de girasoles.
Me quedé en esa isba, alrededor de un mes, estando entre la vida y la muerte, pues mí herida en la espalda se infectó, ya que la bala la había atravesado de parte a parte.
Mi desesperación -tan grande en algunos momentos- comprobé como descendía, en la misión de no poder hacer nada por la causa de nuestra Santa Rusia.
Los ancianos me cuidaron muy bien.
El oficial envió a Omsk, como lo prometió, a casi la mitad de sus hombres, con la firme intención de ver al general Kolchak para hacerle ver la tragedia de nuestra familia y mi situación.
El oficial pensó en ir él mismo, pero en el último momento se hechó atrás, prefiriendo quedarse cerca de mí, teniendo que decir aquí que yo misma se lo supliqué, ya que sin su preséncia no me sentía para nada segura.

Hacia el 1 al 3 de agosto de 1918

Solo un hombre volvió con noticias: cuando ellos llegaron, el general Kolchak no estaba en Omsk, siendo enseguida todos movilizados y enviados por la fuerza hacía una unidad de combate.
Sin querer escucharles una sola palabra, amenazaron con fusilarlos por desertores y por propagar falsas noticias, en el sentido de que la familia Imperial habia sido asesinada.
Los oficiales de Kolchak afirmaron que habia que combatir cualquier chisme o insulto sembrado por los rojos en su huida, con la única intención de hacer perder toda esperanza a los monárquicos.
El hombre nos explicó que desertó de allí, con el consentimiento y el consejo de sus compañeros, a fin de informar de todo ésto al oficial Tekintzi.
Este, poniéndose furioso, ordenó a sus hombres quedarse cerca de mí, vigilar bien los alrededores, y huir hacia el Sur si se veía alguna cosa sospechosa. Volviéndose a Ekaterinburgo, haciendo el mismo camino recorrido en dias pasados en sentido contrario. Con él se marchó solo un hombre.

Hacia el 15 de agosto de 1918

El oficial Tekintzi con muchas precauciones llegó a hablar con el juez encargado del asunto del asesinato de la familia Imperial, el cual le aseguró que, tal como estaban las cosas, él no tenía pruebas sobre la desaparición de la totalidad de la familia Imperial. Asi que había muchas probabilidades de que esa pretendida “Gran Duquesa Tatiana”, no fuese más que una mentirosa, o una loca, o una ladrona. O que en el mejor de los casos, fuese una de las sirvientas o enfermeras, unida a la familia Imperial, pudiendo salir de Ekaterinburgo en los últimos momentos.
Insistiendo el juez sobre éstos hechos: Los supuestos argumentos de tal joven, contados así por el oficial, parecían desprovistos de todo fundamento, siendo muy exagerados. No pudiendo creer, -sin pruebas fehacientes- que los bolcheviques hayan sido capaces de cometer semejante crimen, al no tener interés ni los rojos, ni la revolución, en matar, por ejemplo a la Zarina, siendo de origen alemán, algo que sin dudar provocaría graves dificultades al gobierno bolchevique… O que el asesinato inútil de las Grandes Duquesas, provocaría inmediatamente la repulsión de la familia real inglesa, o de la danesa, y de toda la opinión pública mundial, lo que por tanto sería una acción que favorecería la intervención de los aliados, sosteniendo de paso la causa de los generales zaristas.
El juez le explicó al oficial musulmán, ya con muchas prisas por abandonar esa maldita ciudad, que una tal “Tatiana”, hija del doctor Botkin, vivió en Ekaterinburgo durante la estancia de la familia Imperial, pero que de ningún modo podía ser confundida con la Gran Duquesa.
El oficial Tekintzi, nervioso, contrariado, no dudando nunca de mi identidad, y ya cansado de los estúpidos argumentos del juez, de su mal recibimiento y de su peor trato, le declara al final, haber visto unos documentos y sobre todo, un escrito del Zar probando absolutamente que ésta Tatiana, conducida por él hasta las orillas del río Tobol, era realmente la Gran Duquesa Tatiana Nicolaievna.
El juez le empezó entonces a hacer preguntas al oficial como si se tratase de un ladrón de caballos. Pero el valiente Tekintzi insistió una y otra vez: “…Que ésta Tatiana lleva unos documetos que aseguran su identidad. Que cuando la encontró caminaba en dirección al río Tobol, siempre pretendiendo llegar a Omsk, para ver al general Kolchak. Que hasta ese momento no sabía nada sobre el asesinato de la familia Imperial, pues la primera noticia de esa horrible masacre, se lo dijo precisamente ésta joven. Y que además, las noches de pesadilla y de fiebres que pasó, le confirmaron su identidad verdadera. Asegurando al recalcitrante juez, que no hizo mas que llamar a su Padre, a su Madre y a sus hermanos por sus nombres. Que nadie en tal estado se pone a decir mentiras. Comprobando sus compañeros y él mismo como la fiebre era absolutamente real. Y que por si aun tenía dudas, numerosos detalles conocidos hasta aquí, coincidían con las explicaciones de esa señorita que él habia recogido en el bosque, por lo que iba a realizar todos los pasos necesarios, con la intención de ayudar sin tardanza a ésta Gran Duquesa salvada milagrosamente, que ahora se recuperaba de sus heridas a orillas del río Tobol. Haciendo todo ésto por ella, por su devoción al Zar, por Rusia y por el honor a la verdad sobre lo que realmente ocurrió en la “Casa Ipatiev”.
El juez no parecía comprender que beneficios podría aportar a los blancos, la “Salvación” de una de las Grandes Duquesas. Y aún declarándose ferviente enemigo de los rojos, parecía dudar sobre la utilidad de un miembro de la familia Imperial, en el intento de salvar la situación en Rusia.
Como se quedó pensando y reflexionando sobre la actitud a tomar de cara al oficial musulmán, aprovechó para irse, asegurando antes al juez que “mañana mismo se incorporaría al frente”.
Esa misma noche, a escondidas con su ayudante, huyeron hacía los mismos bosques recorridos no hacía mucho, dirigiéndose a galope hacia la isba donde se les esperaba con impaciencia…
Conforme contaba todo ésto, me quedé consternada.
El Tekintzi hizo muy bien en abandonar rápidamente ésta ciudad, pues corría un gran riesgo de ser arrestado al dia siguiente, para ser fusilado y así cerrarle la boca para siempre.
El oficial y sus compañeros, contrariados por el giro que tomaban los acontecimientos, se reunieron para hablar en mí presencia. Siendo la decisión unánime: al contarle al juez que estaba convaleciente en una isba cerca de una ciudad por el río Tobol, no se podía perder ni un instante: Hacía falta dirigirse hacia el Sur a toda la velocidad que pudiesen aguantar las patas de los caballos, evitando todo contacto con las autoridades de las ciudades y con cualquier militar.
Quizás lo mejor hubiera sido llegar a Crimea donde se encontraba mi abuela, pero según iban las cosas, el oficial Tekintzi me aconsejó que, vistos mis documentos, abandonara Rusia, acompáñandome solo él, ya que despues de lo visto en Omsk y en Ekaterinburgo, no les quedaba la mas minima intención de servir en ese nuevo ejercito blanco que parecían formar un conjunto de altos oficiales y subordinados, todos unos oportunistas, deseosos de repartirse el pastel de la inmensa Rusia, pero para nada queriendo restablecer a los Zares.
Por tanto, iriamos a sus tierras natales, para enseguida pasar a los paises árabes del exterior, para que una vez en el extranjero, reconocida como la Gran Duquesa Tatiana Nicolaievna, reunirnos en Crimea.
Siendo entonces el buen momento para entrar a mi servicio, con el objetivo de ayudar a exterminar a toda la morralla roja de la Tierra Rusa, a los aprovechados, y a los traidores.
Conviene que, en efecto, éste reconocimiento internacional hacia mi persona, coincida con los deseos de Papá, siendo lo que mas urgía conseguir.
Con esta idea fija en mi cabeza, nos dirigimos sobre nuestras monturas en dirección al Sur.

Finales de agosto de 1918

Llegué a Taschkent acompañada de los guardias musulmanes, dudando allí de desprenderme de dos de las pequeñas piedras preciosas que llevaba camufladas recubiertas de tela, a manera de botones sobre mi blusa, la falda y las mangas. El oficial se encargaría de las transacciones.
En esta ciudad pagué a los hombres que me acompañaban, quienes después de pensarlo muy bien, se separaron, volviendo a sus casas, mientras el oficial aceptó quedarse conmigo, al menos durante el trayecto que hiciese por territorio Ruso.
Salimos enseguida hacia Kabul.
Pero al pasar por un pueblo, en el momento de comprar una caballeria nueva, se produjo un desgraciado incidente: el oficial es arrestado, resistiéndose a balazos.
Al principio no comprendí porque sucedió todo ésto, pero después por los comentarios de quienes lo vieron, supe que mi protector lo hizo por salvarme de un gran peligro, pues unos ladrones de caminos tenían intención de jugármela.
El oficial Tekintzi mató al jefe , así que durante esos instantes se olvidaron de mí, pudiéndo perderme de su vista, aprovechando para esconderme por detrás del montón de los curiosos.
Pero esos ladrones parecían ser muchos.
Uno de ellos hizo un gesto en dirección a mi montura dejada al lado de un muro; entonces, tres de ellos registraron la alforja de cuero suspendida de la silla. Mientras que otros se ponen a chillar y atropellar a las mujeres y los niños, aunque no dándose cuenta de donde estaba.
Muy pronto el oficial es conducido ante una especie de consejo de guerra, siendo inmediatamente fusilado.
Desde los primeros momentos de todo ésto, yo muy nerviosa, pretendí intervenir entregado mis joyas, pero unos ancianos me aconsejaron no hacer nada, escondiéndome entre unos fardos negros que olían muy mal.
A ningún precio podian caer mis documentos entre manos criminales.
Segun decían los viajeros, el jefe de éstos ladrones pasaba por ser un rufián, jactándose de violar a cantidad de mujeres refugiadas, después de vaciadas sus bolsas y de desnudarlas para buscar sus joyas; para enseguida -después de divertirse con ellas- estrangularlas o dejarlas a sus hombres, quienes se aprovechaban aún más de estas desgraciadas.
Por eso, la población estuvo contenta de su muerte, considerando al oficial Tekintzi como valiente y un héroe. No pudiendo impedir que yo llorase la pérdida de tan leal y honesto servidor .
Gracias a los viejos y a algunas mujeres que temblaban como hojas de abedul, pude cubrir mi cabeza y las espaldas con un gran pañuelo oscuro, abandonando en compañia de unas gentes de la caravana, estos lugares demasiado peligrosos para mí.
Me daba cuenta que por primera vez caminaba en medio del pueblo, vestida a la manera de las mujeres de la región, aunque todavia debía mantenerme callada lo más posible, siempre pasando por la más humilde de entre ellas, para lo cual me procuré ropas y sandalias algo más cómodas.

Fin de septiembre de 1918 (?)

Al fin salí de nuestra Santa Tierra Rusa, un día, a la caida del sol, entrando en Kabul.
A lo largo del camino fuí cogiendo algunas palabras en el idioma de estas extrañas tierras.
Para llegar a Kabul, tuve que recorrer muchas verstas, a veces a pie y a veces a lomos de una mula comprada por mí, a instancias de un anciano, pues aunque esa caravana llevaba algunas bestias de tiro para llevar a su familia, eran insuficientes para todas las mujeres y los niños.
Frecuentemente tuve que prestar mi montura a las mujeres más fatigadas. Llegó un día que dejé éste modo de locomoción, siendo incapaz de reconocer, si era mas fatigoso ir a pie o cabalgar a lomos de la mula.
De vez en cuando, en las paradas necesarias, continuaba cambiando anillos y otras piezas pequeñas por dinero local, o por la comida que ofrecían a la caravana.
En el mismo Taschkent, nada más llegar, pude cambiar unos de mis diamantes, por anillos de oro y unos collares de plata, a fin de facilitarme las próximas operaciones, siendo ese el momento cuando los comerciantes nos denunciaron a esa banda de ladrones.
Me mostré generosa con el anciano y su numerosa familia, pues fueron muy buenos conmigo, ya que en ningún momento me hicieron preguntas, ni hicieron comentarios sobre mí conducta y maneras. Disimulando ellos no suponer mis orígenes, sobre todo a las horas de la comida, algo que parecía evidente.
Igualmente me ayudaron a pasar los numerosos controles, sobre todo de ladrones, que tanto pululaban a lo largo del camino.
Pude pasear ya por las calles de Kabul como cualquier mujer del pueblo, pues mis humildes ropas no llamaban para nada la atención.
Compraba mis alimentos en los bazares, comiendo a la sombra de los árboles, mientras que de noche dormía en una casa de unas gentes conocidas del anciano.

Fin de octubre y primera quincena de noviembre de 1918

Finalmente conseguí viajar hasta Cachemira, la capital de Rawalpindi.
Marché a veces a pié y a veces a lomos de mulas. y en los últimos tramos sobre un viejo caballo, obtenido con el cambio de un anillo de novia.
Papá y mamá me recomendaban siempre dirigirme a personas religiosas importantes que tuviesen fama de hombres buenos, íntegros y piadosos. El oficial Tekintzi me aconsejó la misma cosa, hablándome del jefe espiritual de los musulmanes de ésta ciudad, como una persona que reunía todas essas condiciones deseadas.
Siendo indudable que lo encontré.
Alguien que me recibió muy bien, con mucho respeto y sin vacilar por un momento que yo fuera de una noble familia rusa.
Al principio no intenté confiarle mi verdadera identidad, aunque asegurándole siempre proceder de la familia Romanov.
Ponía la expresión de creerme, pero en otros momentos parecía que me tomaba por una simple institutriz de los Romanov, o de otra de las familias importantes rusas.
Desde el principio apaciguó todos mis temores, asegurándome una plena libertad de acción por la ciudad, dándome garantías sobre mi seguridad, recomendándome una casa donde unas buenas mujeres me acojerían con gusto.
Tranquilizada por este lado, al dia siguiente pude cambiar mis vestidos del pueblo, por otros un poco más refinados pero sin exageración
Esas mujeres de la residéncia me ayudaron en las compras, ocupándose en atender mis gustos.
Casi cada dia visitaba al chammán en su mezquita, hablando los dos de Rusia -que conocía muy bien- de las lejanas tierras árabes, de Arabia y del próximo oriente.
Me describió La Meca, que él visitaba muchas veces en el curso de sus peregrinajes. También me habló de Damasco, de Jerusalen…
Yo le hablé del proyecto de acercarme lo más posible a Rusia, es decir, a la costa de Crimea, con la esperanza de ver a mi abuela.
Comentábamos de vez en cuando las noticias venidas de la guerra y del próximo oriente.
Mi protector me aseguró conocer particularmente bien al rey del Hedjaz, actualmente tambien rey de Siria, por haber sido su mejor amigo en Arabia, como Gran Cherif de La Meca.
Conociendo igualmente a sus hijos, unos audaces y enérgicos árabes que se sublevaron contra los turcos. Pero sobre todo, al más noble, elegante, inteligente y refinado de todos, al emir Faisal ibn Hussein Al Alí, quien dirigió con tenacidad la revuelta árabe, llevando sus fuerzas rápidamente hasta territorio Turco, que había liberado hacía poco a Damasco y que por eso, los días del Imperio Otomano parecían contados.
El anciano me habló tanto del “León Hussein ” y de su hijo, el valeroso Emir Faisal, que no paraba de soñar con ellos por las noches.
Si yo llegaba a Damasco y las tropas árabes que acompañaban a los ejércitos ingleses llegaban hasta Turquía, -lo que es decir hasta Constantinopla mismo- sería como un juego para mí entrar en Crimea. (Si esta región nuestra, todavia se encontrase libre de los rojos). Por lo que podría hacerme reconocer como Zarina Regente de todas las Rusias, gracias a los documentos llevados día y noche entre mi blusa y mi piel.
De todas maneras, en el caso de encontrarme en dificultades me iría a Rumanía, puesto que allí, ya en compañia de mi familia no tendría nada que temer, para desde éste pais volver a entrar sin lucha en nuestra Bienamada patria.
A fuerza de conversar con el Jefe Religioso de estos proyectos, finalmente llegó a la conclusión de que yo era una Romanov.
Me dió un documento con una nueva identidad elegida entre los dos: Miss Tati Romaní.
Además, me facilitó dos cartas de recomendación, una para llevarla a una personalidad de Bombay, y la otra, la más importante, para el Rey del Hedjaz y de Siria, Hussein Ibn Alí, o bien, en su defecto para su hijo, el Emir Faisal.
Después de separarme de éste gran amigo de Rawalpindi, cogí el tren, llegando hasta Hiderabad, en un viaje muy largo y cansado.
Visitando esta ciudad-que me gustó mucho- vendiendo algunas piedras pequeñas a fin de permitirme comprar vestidos y otros efectos de aseo.
Me vestía completamente a la manera de las hindúes y procurando en lo posible arreglarme como ellas.
Algo que extrañaba a casi todos los comerciantes era el comprobar mi confusión al intentar comprenderles, además, empleaba muchas palabras inglesas. Teniendo en cuenta no charlar demasiado, limitándome a señalar con el dedo, o soplar, sacudir y mover la cabeza según los precios expuestos. Pero en ningún sitio tenía muchas ganas de abrir la boca.
Si salía sin comprar nada, un empleado venía corriendo detrás, rebajando los precios cada vez más.
Al cabo de unos días tuve que continuar viaje hasta Bombay, siempre en tren.
Una vez allí, fuí enseguida a casa de unos amigos del Jefe Religioso de Rawalpindi, unas personas que me abrazaron con afecto.
En esta ciudad me enteré de que la guerra había terminado, aunque por eso no parecía que los sucesos de Rusia mejorasen. Además, la situación se presentaba confusa, asi que podia correr riesgos por allí.
Queria evitar el contacto con las autoridades inglesas y francesas antes de recibir el apoyo de mi familia, para después ser reconocida por los rusos como su Zarina Regente.

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Aquí termina la traducción, del ruso al francés, hecha por la señora Escaliers, del Diario escrito por mi madre en 1919, -desde julio a septiembre- en su residenvia del Castillo, en Damasco, calle Mohajerim.Lo que sigue ahora proviene exclusivamente de mis recuerdos, por haberlos escuchado de los labios precisamente de la dama de compañía de “Miss Tatia Romani”. Quien le contaba a mi tata, que mi Madre se vió obligada a quedarse por algún tiempo en Bombay, que unos amigos la alojaron en una casa adornada con unas largas terrazas que daban el mar, por donde ella veía entrar y salir muchos barcos, sobre todo de pescadores, que por las mañanas venían a traerle los pescados en unas cestas de mimbre, para que mi Madre los eligiese.
Las calles de la ciudad bajaban desde esa casa hacía el mar, disponiendo algunas calles de toldos colgados, a fin de impedir que directamente pasaran los rayos del sol.En ese momento, mi tata interrumpió a la señora, diciendo que ella “había visto algo igual en Andalucia y en Barcelona y que en esta ciudad se vendía el pescado de la misma manera”.
(Siendo ésto del todo falso, según lo pude comprobar más adelante). La señora egipcia le contradijo, asegurándole conocer un poco Barcelona, diciéndole que esta ciudad portuaria, “no resiste ni un punto de comparación con Bombay”.
En ese momento de la conversación, esta señora explicó una vez más, como vino a ser primero la dama de compañía de la Gran Duquesa, para después ser mi niñera y al decir ésto comenzó a manifestar un deseo casi incontenible de cubrirme el rostro de besos, lo que no gustó demasiado a mi tata. Contó que los amigos de Bombay aconsejaron a mi madre el tomar a su servicio a una señora de compañía, no teniendo inconveniente en hacer ellos mismos las gestiones necesarias.
Y he aquí que como resultado, una señora, creo que viuda, de nacionalidad egipcia, entra en escena. Hablaba árabe, un poco de hindú, el inglés suficientemente y mal el español, por haber acompañado una vez a una pareja americana a La Habana (siendo este hecho de gran importancia para mi, y el origen de encontrarme en este momento escribiendo en Barcelona. Siendo éste el instrumento de la fatalidad, aunque de todas maneras, mi Destino debía conducirme irremediablemente a esta ciudad).
Esta futura niñera tenía un nombre que jamás he podido retener, debido a que solo lo escuché pronunciar tres o cuatro veces por mi tata cuando yo era niño. No obstante lo he tenido mucho tiempo en la punta de la lengua. Hasta en una ocasión, como mi tata me hablaba de esta señora y yo quería decir su nombre, le dije:- ¡Ah!… ¿La señora Mindret?
-No, no. La señora Mindret es una cliente y no tiene nada que ver contigo. Te confundes…
-Entonces, ¿cómo se llamaba?, no puedo acordarme…
Pero mi tata no respondía
-¿Qué nombre tenía?. Dímelo tata.
Pero esta ladrona de huérfano tenía que callarse. Ella sabía muy bien que a partir de mis catorce o quince años se me respondería como era debido y que por eso no olvidaría más ese nombre. La última vez que escuché relatar todo ésto a mi ex-niñera, debía tener alrededor de los trece años. Me acuerdo bien: ella llegó de improviso desde París, como una auténtica ventolera. Se dirigía a Marsella para embarcarse, pues estaba al servicio de una pareja de franceses que vivían en Tonkin. Estos patronos tomaron el barco en El Havre, mientras que ella les pidió el favor de hacer el viaje por tren, via Nimes y Alés, con el objeto de verme, cosa a la que accedieron.
Mi ex-niñera se puso a contar también como la hijita de estas gentes, muy pequeña, fué un día capturada de la casa por un gran mono que la llevó al bosque -un poco como la historia de Tarzán- hasta que finalmente su padre organizó una batida con todos los hombres disponibles, encontrando a su hija en una colonia de monos, sin haberle pasado nada malo.
(quizás fué mi tata quien contó ésto, después de haberselo contado una de sus clientes. Mi nurse debía estar empleada en las Indias). Recuerdo perfectamente a esta niñera: era muy delgada, vistiendo de negro de la cabeza a los pies, con una piel también muy oscura. Llevaba un vestido entallado, una falda y un pequeño sombrero rodeado de un volado, rematado por una ligera pluma blanca.Hablaba mucho, dejando ver sus dientes cuando sonreia. La vi en tres ocasiones: la primera en 1924, en Egipto y las dos siguientes en Alès. Visitas suyas que recuerdo vivamente. La primera en 1929 quizás en el mes de mayo o junio, un poco después del mediodia, o antes de la una, pues mi tata me hizo retrasar mi entrada en la escuela teniendo que decir mentiras. Ella no quería que me quedase en casa hasta que se marchase, a fin de impedirme escuchar las numerosas referéncias sobre mi madre.

Una actitud que asombra mucho de esta mujer y también de la buena de mi otra tata -la Gregoria- era que no paraba de escuchar las conversaciones con la oreja pegada en las paredes. Otra vez, fue en 1933 o 1934, igualmente en verano, durante las vacaciones. En estas dos visitas esta señora, declaró ser mi “nurse” (niñera), empleando esta palabra inglesa, la cual se me quedó grabada en mi memoria. Tampoco paró de repetir mi nombre, explicando las razones de mi Madre para dármelo: La Biblia… Damasco…etc.
Muy a menudo me abrazaba como nadie lo ha hecho – a parte de algunos besos de la señora Sauvage, la mujer del alcalde de la ciudad de Alès, durante 1925-26-27. No me acuerdo haber recibido otros abrazos así en toda mi vida. Jamás, jamás. En ninguna circunstancia. Pues ni cuando la fiebre devoraba mi cuerpo y me trastornaba el espiritu, mi tata me abrazó ni una sola vez.

Fin de mayo de 1919

Miss Tatia Romaní y su dama de compañía llegaron por barco a Beirut, una ciudad ocupada entonces por los franceses. Como mi futura Madre les temía, prefirió evitarlos, a pesar de tener sus papeles con el visado inglés dándole cierto valor, pues los amigos de Bombay le aseguraron que con ellos no correría ningún riesgo.
Las dos mujeres se instalan en un hotel situado en el viejo barrio turco.
Mi futura Madre y mi futura niñera, hicieron su entrada en Damasco en taxi, dirigiéndose enseguida a la residencia del Emir Faisal. (En 1973, era la embajada de Francia la que ocupaba esa residencia).
Delante de la puerta, les reciben los centinelas y un oficial árabe, marchándose a informar.
Los minutos se hacen largos.
Se les invita a sentarse ofreciéndoles café y té, según las costumbres árabes.
Al fin vuelve el oficial: la via se encuentra libre y el Emir les concede audiencia.
La Gran Duquesa y su dama de compañía atraviesan un patio para entrar después en una sala con los muros encalados.
De improviso, un hombre avanza en su dirección vestido con un uniforme de alto oficial del ejército inglés.
La Gran Duquesa Tatiana Nicolaievna, Heredera Regente del Trono de los Zares de la Santa Rusia, tenía delante al legendario Emir Faisal, hijo del Rey de la Hedjaz y de Siria, Victorioso de los Turcos, futuro Rey de Siria y muy pronto Rey del Irak.
Este HECHO, previsto por la Santa Bibele, por San Gregori Efimovitch, por mi Abuela la Gran Duquesa Aliss de Hesse, Zarina Alexandra Feodorovna y por mi Abuelo, el Zar Nicolás II, se realizaba, siendo el Reencuentro del mundo Arabe con la Eterna Rusia. La Historia escrita hace miles de años seguía su curso inexorablemente y con total precisión.
Ni mi Madre, ni mi Padre sabían en esos momentos que su propia Suerte estaba escrita un Día por Dios, en Bibelos y que EL se encontraba presente en ese encuentro producido en Damasco.
A pesar de los grandes sufrimientos que le esperaban a mi padre, esta vez ningún Teodos le convencería de dejarle por piedad, el delta del Nilo, pues…

LA PIEDAD ES UNA DEBILIDAD QUE LOS JUSTOS NO PUEDEN PERMITIRSE

Este Diario fue publicado en francés en 1990.
Iba incluído en las primeras páginas del libro titulado OPERATION ALISS
escrito por A. Eleazar Romanov, quien afirma ser el hijo legítimo de
la Gran Duquesa Tatiana Nikolaievna Romanov,
la única superviviente de la Familia Real Rusa e hija del Zar Nicolás II

Tatiana_Nikolaevna

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29 comentarios en “DIARIO DE LA GRAN DUQUESA TATIANA NICOLAIEVNA ROMANOVA”

  1. RAQUEL Says:

    HOLA ESPERO QUE ALGUIEN ME RESPONDA ¿HAY FOTOS DE LOS DOCUMENTOS QUE AFIRMAN TENER Y QUE DEMUESTRAN QUE TATIANA ROMANOV SOBREVIVIO? ¿Y FOTOS DE ELLA DESPUES DE SU SUPUESTA HUIDA Y DE SU HIJO?.Muchas gracias.
    Lo unico que si creo es que la unica que sobrevivio fue Maria Nicolaievna Romanov hay pruebas de su letra asi como fotos y adn que demuestran que fue Maria la unica sobreviviente de la terrible matanza.Un saludo.

    • sara Says:

      hola, te aviso que esa pagina donde vos viste de maria romanov, firmas y fotos. es falsa, haci me dijo un investigador. yo creo que en verdad se salvo la gran duquesa anastasia romanov, creo que si se salvo

      • RAQUEL Says:

        Hola espero que me respondas si tan mentira es hazte el favor de pasar por Lerida y hablaremos de lo que es falso con las pruebas ante tus narices ninguna es falsa lo que pasa esque el gobierno tapa todo incluso los historiadores tu te crees que todas las pruebas que e visto ante mis narices fotos e visitado a las monjas y demas son falsas inclullendo la foto de la maternidad que guardaba Elizabeth la fundadora son falsas no señor lo de Anastasia son fantasias de hace mucho incluso que es mi pelicula favorita pero se que ella no sobrevivio me asiento a lo que veo con mis propios ojos delante mio espero que se deje de fantasias de hace tiempo y se asiente a ver cosas que se presentan ante jueces y certifican las pruebas como real.Un saludo espero que me responda pero a este otro email.
        many_shaman@hotmail.com

  2. elizdelunallena Says:

    Hola Raquel:

    Antes que nada permítame preguntarle si ha leído usted por completo los dos documentos históricos que exponemos públicamente en éste blog. Pues no da la sensación de haberlo hecho ya que no hace usted ninguna referencia a su contenido, solo pasa a afirmar con contundencia que “LO QUE SI CREE es que la unica que sobrevivio fue Maria Nicolaievna Romanov hay pruebas de su letra asi como fotos y adn que demuestran que fue Maria la unica sobreviviente de la terrible matanza.”.

    De haberlos leído, entonces sí le podría preguntar qué opina de los mismos, de su contenido, de si no le da la sensación tras leerlos que detrás de los mismos está el “Alma” de sus autores, tanto de Tatiana como del Zar Nicolás II, y esto es imposible de manipular ni sustituir.

    ¿Realmente le parece a usted más “creible” una nota escrita de la supuesta María Martí donde aparece la palabra “Rusiespagne,” o unas oficiosas pruebas de ADN, que no se sabe muy bien como se han obtenido, o unos montajes fotográficos de supuestos parecidos físicos de fotos de María Martí y familia, hechos con un programa de esos que cualquiera puede probar por internet, con fotos reales de las grandes Duquesas o de los Zares, que también son de libre acceso hoy en día por internet, que todo un Testamento y todo un Diario personal escritos de puño y letra por sus autores?.

    Evidentemente y por cuestiones de seguridad (o es que hemos olvidado como se las gastaban los soviets incluso con los de su misma cuerda, -recuérdese el caso de Leon trosky-, qué no harían con cualquier descendiente directo vivo de los propios Zares), no hizo ninguna foto de ella con su hijo, ya que su prioridad más absoluta era salvaguardar la vida del mismo. Póngase usted en el lugar de una madre, en tiempos convulsos y en un estado de guerra , y cuya vida, por ser quien es, corre máximo riesgo y peligro, ¿Se hubiera usted, en su lugar, dedicado a hacerse fotos?, ¿O la máxima prioridad no sería poner a salvo a su hijo y a usted misma?.

    Sin más por momento, reciba un buen saludo.

    • RAQUEL Says:

      Hola acabo de ver su respuesta y le dire que si que he leido el diario y mas parece una novela de ficcion que un hecho real creo a esa mujer y a toda su familia porque yo e visto esas fotos las reales asi como les conozco en persona y disculpe no esque se parase a hacer fotos se las hizo cuando se ocultaba en un refugio con algunas de las demas mujeres en la maternidad suiza de Elne ademas conozco a esa familia desde siempre y no son mentirosos todos los documentos que presentan los he visto hasta la factura de taxi y todas las fotos y demas es real tu te crees que una foto que esta puesta en la maternidad de elne guardada por la fundaora tambien va a ser falsa que tambien falsifican las del colegio ficha escolar de su hijo si le puedo decir que esa familia no miente y que al contrario que el autor de este diario presentan pruebas veridicas y se las pueden mostrar en persona si se digna a ir a verlos.Hasta la policia se lo podra confirmar un saludo y espero su respuesta hay un video de la exhumacion en youtube.Espero que me respondan hasta pronto.
      Atentamente Raquel Molero.
      many_shaman@hotmail.com

  3. Romanov Says:

    Hola, ¿Qué tal?
    Bien, primeramente decir, que ese caso de María Martí, es total y completamente falso.
    Las pruebas presentadas por el señor Duaigües son todo mentiras y falsificación.
    No sé quien era María Martí, pero no era María Romanov.
    Es más, hay una carta de María Martí a su hija Carmen, escrita en español, y he de decir que las Grandes Duquesas no sabían castellano.
    El señor Duaigües, al cual yo le ofrecí ayuda, pensando realmente que tenía un caso bastante interesante, se comportó conmigo como un auténtico lunático, llegando a firmar en uno de los correos que me mendó
    DAVID CARMINOVICH ROMANOV, Heredero al Trono de Todas las Rusias.
    Eso fue lo sufciente para cortar toda relación con él.

    Hayan o no hayan sobrevivido las hijas del Zar, y haya o no descendientes, el nuevo Zar de Rusia (que terminará habiendo algún día) no puede ser cualquiera por muy heredero de Nicolás II que sea. Un gobernante (sea Absoluto o Democrático) debe tener unos requisitos que desgraciadamente no todos cumplimos

  4. RAQUEL Says:

    Hola nuevamente,siento haber tardado tanto en responder desde la ultima vez pero no me conecto muy amenudo a paginas sobre este caso,solo cuando tengo tiempo. Las causas originales fueron que por casualidad un dia su hijo David segun se estaban viendo la television y salio un reportaje sobre los ultimos gobernantes rusos y salieron varias fotografias de ellos la cual una les intrigo mucho al respecto ya que la que salia en la foto era una de las princesas exactamente Maria, y la madre de este Carmen tenia una fotografia que le hicieron aun cuando era joven les sorprendio tanto el parecido de esta con el de la princesa en la foto que comenzaron a investigar el pasado de su abuela comparando las pocas fotografias que lograron conseguir con las de Maria Romanov.No se si sera cierto o no no lo se a veces pienso que ese caso siempre ha tenido un halo misterioso tambien se que aunque les conozca y halla visto esas pruebas algunas cosas que ponen no son muy normales de personas serias aunque si les creo pero no deberian alardear tanto al menos el hijo la madre es un tanto distinta.Usted no piensa a veces que ese caso es un poco misterioso y que quizas se salvase una o dos personas a mi a veces me gusta pensarlo aunque en la vida real fuese lo contrario pero es un tanto lindo pensar esas cosas solo a veces.Tambien digo que estan ya todos muertos tanto las que digeron serlo como las que realmente lo fueron y deben de descansar en paz el misterio solo lo saben ellos y deberia seguir asi o eso parece ya fuese lo que fuese,pasase lo que realmente pasase esten donde esten que descansen en paz y no se de mas vueltas al asunto aunque a veces pique la curiosidad como es mi caso con las cosas misteriosas usted que es lo que piensa realmente de lo que paso cual cree que es la teoria que opina al respecto de este misterio tan grande.Espero su respuesta un saludo.Raquel Molero

    • elizdelunallena Says:

      Voy a ser breve Raquel:
      Dices:
      “Las causas originales fueron que por casualidad un dia su hijo David segun se estaban viendo la television y salio un reportaje sobre los ultimos gobernantes rusos y salieron varias fotografias de ellos la cual una les intrigo mucho al respecto ya que la que salia en la foto era una de las princesas exactamente Maria, y la madre de este Carmen tenia una fotografia que le hicieron aun cuando era joven les sorprendio tanto el parecido de esta con el de la princesa en la foto que comenzaron a investigar el pasado de su abuela”.

      ¿ De verdad te parece serio y riguroso ésto que comentas?. Mira Raquel, creo sinceramente que no tienes mucha idea del terreno que estás pisando.

      Personalmente, que conocí a Eleazar Ibn Faisal Romanoff y fuí su amigo y colaborador en sus investigaciones histórico-linguistícas, (haciendo un poco de divulgación a su obra) considero que las pruebas que me aportó sobre su biografia, además de por su extraordiaria personalidad y por su alta capacidad e inteligencia (herencia familiar sin duda) y también como no, por estos dos documentos que mostramos en el blog, que me parecen dos auténticos “cañonazos”, bien conocidos por los servicios de inteligencia de las grandes potencias occidentales, hacen de todo ello, que albergue pocas dudas de quién era efectivamente “Alexandre Eleazar” y de quienes fueron realmente sus padres y abuelos.

      De igual modo, también me parece muy claro y evidente, el terrible y criminal plan gestado por sus enemigos al objeto de desposeer y eliminar de la escenas a las dos últimas Dinastias que se pueden considerar auténticamente Reales: Los Romanoff y los Hachemita.

      Te recomiendo una vez más Raquel, que leas detenidamente tanto el Testamento como el Diario. Para mí son absolutamente contundentes y extraordinarios, y soy de la opinión, de que quien no vea detrás de ellos el ALMA de la Santa Rusia, del Zar Nicolás II y de su hija Tatiana, es que, o no quiere ver las evidencias, o no tiene ni idea de quienes fueron los Romanoff, ni de historia en general, o algo peor que prefiero ni nombrar.

      Sin más, buen saludo.

      • Melinda Says:

        Soy de la opinion de Raquel e visto la pagina que comenta y la creo este diario puede ser muy complejo pero es falso en mi opinion ya que no presenta pruebas de fotos o comparacion de letra he investigado muchisimo como para saber que es muy bonito pero que es falso sin ofender ni mas objetivo que saberse la verdad un saludo a todos en especial a Raquel.

      • elizdelunallena Says:

        Melinda/Raquel, o quien quiera que seas: Es evidente que no te has tomado muchas molestias ni precauciones al escribir con dos nicks distintos. Pero tu forma tan particular” de hacerlo, sin un sólo signo te puntuación, te delata. No tengo más que decirte, salvo que te vayas con tus estupideces a otro sitio, aquí, a partir de ahora, ya no serás bienvenida.
        AGUR

      • SUSAN Z.DE LA SERRA Says:

        RESPETABLE SEÑOR:
        ME GUSTARIA PONERME EN CONTACTO CON UD.PARA COMENTAR ACERCA DEL TESTAMENTO Y EL DIARIO DE TATIANA.LE AGRADECERIA ME CONTESTE A MI CORREO ELECTRONICO.
        ME QUEDO A LA ESPERA DE SUS NOTICIAS, ATENTAMENTE.SUSAN.

    • Sara Says:

      Acabo de leer una partecita mas…. es verdad. Imaginate… no creo que la duqueza que se haya salvado se quiera exponer haci, es mas… hasta contarles a sus mismos miembros de familia su historia, si es que logro escapar y despues tuvo familia porque puede ser. Todo puede pasar. Y otra cosa que lei en uno de los comentarios es que ponían que si alguna de las duquesas escapo, en este caso ponian María Martí como podria hacerle una carta en español a su hija Carmen. Yo no digo que ese caso sea verdadero, pero quien dice que cuando una de las duquezas huyó si es que alguna se salvó no aprendio a hablar español?. Como digo.. todo es posible. Pasaron tantos años.

  5. Sara Says:

    Hola, como estan. He leído los comentarios, no completos pero algo los leí. Como puse primero… a mi un investigador me dijo que era falsa la pagina de María Martí algo asi. Por mas que tenga fotos lo que fuese… tambien he notado los parecidos en las fotos pero si miran bien… pareciese que se ponian como en la misma pose de la duquesa y su familia. Eso me pareció raro. O no?. Yo no soy ni historiadora, ni cientifica pero igual doy mi opinion.
    De lo que estoy segura es que una de las duquesas si sobrevivio, el caso Romanov no quedo cerrado. Estoy casi segura… nose si Tatiana, o María, o Anastasia. Pero una sobrevivio. Siempre queda algo por saber… la ciencia no es exacta. No estuvimos ahí para decir lo que realmente paso, o para cerrar el caso. Hací que sigamos con la esperanza y espero, espero que algún día se sepa la verdad. Porque tenemos derecho a saber. Que Dios los acompañe.

  6. Sara Says:

    Disculpen mis herrores de ortografía. Nos vemos.

  7. SUSAN Z.DE LA SERRA Says:

    RESPETABLE SEÑOR:
    POR ESTE MEDIO LE SALUDO CORDIALMENTE, ESPERANDO SE SIRVA A TENDER MI PRESENTE MISIVA.ME GUSTARIA PONERME EN CONTACTO CON UD.PARA COMENTAR ACERCA DEL TESTAMENTO Y DEL DIARIO DE TATIANA.
    LE AGRADECERE ME CONTESTE LO MAS PRONTO POSIBLE A MI CORREO ELECTRONICO.
    DE ANTEMANO AGRADECIDA POR SU ATENCION,SUSAN.

  8. cRI Says:

    Desde hace 11 años, amee esta historia!! me acuerdo q encontré este diario hjace como 10 años y lo lei y me encantó. la verdad no sé si es verdadero o falso, pero aún así me fascina. Me encantaría ponerme en contacto con usted que dice que conoció a Eleazar, para que me platique un poco mas de todo esto, a mi me fascina esta historia y llevo años buscando info en la internet, hace 11 años no habia tanta todo estaba en inglés y yo diccionario en mano lo traducía, hoy ya hay info en español, pero todo dice lo mismo, ojalá nos podamos contactar y platicar más de todo esto

    Saludos!

    • elizdelunallena Says:

      Hola Cristina:
      Es reconfortante que te entusiasmara tanto el Diario de la Gran Duquesa Tatiana. Como puedes comprobar en los comentarios, no a todo el mundo le sucede lo mismo. En mi caso particular, comparto contigo tu entusiasmo y admiración.
      Cualquier comentario o cuestión que desees plantear trataré de responderte gustosamente. También tú misma o cualquier persona que lo desee y precise más infomación o quiera contactar de forma privada, puede hacerlo directamente a través del correo siguiente:

      egialde@galeon.com

      Se tratará de dar respuesta oportuna a todos los mensajes que lleguen, pero ésto será después de las vacaciones estivales.

      Buenos Saludos.

      Ion

  9. DAVID Says:

    Hola a todos,
    veo muchos comentarios absurdos , que si es mentira lo mio etc…que lo han preguntado a investigadores , que lo de maria marti es falso…estos investigadores ,si que son falsos … que me lo prueben ami ,aver si lo que yo he puesto en mi web es falso….
    cloro como el reporte (calculo estadistico) que se hace en ADN autosomal es 99,99% de conclusion en que MARIA MARTI SEA MARIA ROMANOV.
    ahora de dice que es FALSO…
    lo que veo es que muchos de ustedes opinan alreves :
    “como coincide , ahora es falso”
    y yo me pregunto:
    si NO hubira coincidido? seria VERDADERO?
    verdad que seria asi…
    buenas tardes…

    • elizdelunallena Says:

      David:
      Comparto con ud. lo de lo absurdo de algunos comentarios, especialmente los de su amiga y los suyos propios, los cuales no dejan en buen lugar su versión. No obstante, por si antes no les había quedado claro, les explico por última vez que éste no es un blog donde se vayan a exponer diversas versiones y fuentes sobre la posible supervivencia de las grandes duquesas, por muy polémicas, controvertidas o famosas que puedan ser. Nosotros disponemos de nuestras propias pruebas, nuestros propios documentos y nuestras propias fuentes, y éste blog nace con el EXCLUSIVO objetivo de hacer públicas algunas de ellas, y no con el de polemizar con otros supuestos descendientes de otras supuestas grandes duquesas supervivientes. Quien quiera dar su opinión sobre los documentos que exponemos y expondremos sucesivamente en nuestro blog será gustosamente recibido, pero quien venga a hacerse o hacer publicidad de otras versiones que no concuerden con la nuestra no será bienvenido, ni sus alegatos, por muy apasionados o furibundos que sean, serán publicados.
      Espero que le haya quedado claro Sr. Duiagues.

      Adiós muy buenas.

      Ion

  10. Leonela Says:

    Me encanta la historia ROMANOV, yo no pongo en duda ninguno de los documentos que circulan en internet,a mi lo UNICO que me gustaria es que en algun momento de la vida, salga a la luz lo que realmente paso, y que la FAMILIA REAL, pueda descanzar en paz, si es que ya no lo hacen, AME leer este blog, me fascino y me atrapo mas que muchos otros que lei, yo no se si es falso o verdadero, pero no pongo en duda el testamento del Zar Nicholas II, no creo que sea algo que se podria falsificar, acabo de mandarte un mail privado haciendo preguntas sobre algunas dudas que me quedaron al leer el diario de Tatiana, y que mucho no entendi, espero me respondas, muchas gracias y muy HERMOSA la historia, me mantuvo viva la fe, de que al menos uno de la FAMILIA REAL, sobrevivio.

  11. Miriam Says:

    Que retaila de comentarios absurdos, que mas da si sobrevivieron o no ya a estas alturas estan todos muertos lo que pasase es un misterio pero hay que dejarles que descansen en paz, muchas mujeres afirmaron ser una de las hijas del zar eso no quiere decir que fueran la verdad no creo que esa tal María Marti fuese una duquesa rusa me parece una mentira me tome la libertad de mirar esa página y no creo en lo que pone un montaje más, la historia de esta página me ha encantado es muy bonita y buena, felicito a quien la escribiese, nunca se supo si sobrevivio alguna pero si paso ojala algún día se sepa, gracias por su maravillosa página y pasa de comentarios tontos y absurdos, la gente cada día está peor.

  12. Canto León David Says:

    Me encantaria que fuese verdad, y que no pase lo que paso en los años 30 con Anne Anderson quien dijo ser que era Anastacia, después de su muerte se hizo pruebas de Adn y el resultado es que salieron que no decia la verdad. Quisiera que fuese veridico. Que por lo menos se reconozca en la opinión publica. Y de todos modos si fué verdad, espero que la Duquesa de todas las rusias haya sifo feliz en su vida.

  13. Canto León David Says:

    Y si yo hubiera sido un bolchevique, subordinado por Yurovski, en verdad que hubiera salvadoa una de las zarinas, y hasta el perro, o morir en la libertad. Esas personas que mataron mujeres, habrán sufrido como Lennin sufrió en su paralisis. No es bueno desear nada malo, pero es que no debes hacer nada malo. No importa que hayan sido buenos o malos zares, si no que somos humanos, y es deprimente al propio ser humano hacerse daño, y mas a la mujeres, y niñas., No me cabe en la cabezaque habran sentidoal rematar a esas pequeñas niñas, ahora entiendo porque Hitler odiama el comunismo; pero no estoya favor del socialismo, ni de Hitler.

  14. Goyo Green Says:

    La verdad. no creo en nada de todo esto, es válido unicamente como novela, lamentablemente toda la familia real fue aniqulada por los bolches


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